Vivir bien cuando la vida duele. Con Olga Albaladejo.
Nota previa: La casualidad hace que este episodio, grabado en diciembre de 2025, se publique pocas semanas después del fallecimiento de Noelia Castillo. Eso lo…
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La casualidad hace que este episodio, grabado en diciembre de 2025, se publique pocas semanas después del fallecimiento de Noelia Castillo. Eso lo hace más espinoso. Olga y yo hablamos de psicooncología —su especialidad— y de cómo enfrentar la adversidad en la vida, siendo un diagnóstico de cáncer una de las grandes adversidades a las que hoy puede enfrentarse un ser humano. También hablamos de la muerte, como la gran adversidad en mayúsculas de la vida, por cuanto es el fin de esta.
Sobre el caso de Noelia: hace tiempo que me di cuenta de que no es necesario opinar sobre todo en esta vida. Uno no tiene la capacidad ni la sabiduría para ello. En cualquier caso, en mi entrevista a Olga se trasluce que estoy a favor de la libertad para elegir acabar con tu vida cuando uno decide, con plenas facultades cognitivas, que ya no le vale la pena continuar con una vida que no merece ser vivida. Parece que fue el caso de Noelia, como lo atestigua todo el proceso legal por el que pasó. Pero su caso es controvertido porque queda claro que a Noelia, con solo 25 años, el Estado primero no la protegió como debía y después no le proporcionó el apoyo necesario para que pudiera elegir continuar con su vida.
En cualquier caso, este episodio, grabado en diciembre de 2025, no tiene nada que ver con Noelia ni con la eutanasia, sino con cómo afrontar del mejor modo posible la adversidad a la que todos nos enfrentamos tarde o temprano.
Olga Albaladejo lleva años sentándose frente a personas que acaban de recibir un diagnóstico de cáncer. No da charlas motivacionales. No reparte frases bonitas. Acompaña.
Le pregunté qué es lo primero que se quiebra cuando alguien recibe ese tipo de noticia. Su respuesta no fue lo que yo esperaba. Y probablemente no sea lo que tú esperas.
En esta conversación hablamos de eso. De lo que se rompe. De lo que sorprendentemente aguanta. De cómo acompañar de verdad a alguien que sufre, y de por qué casi todo lo que decimos con buena intención estorba más que ayuda. De por qué vivimos de espaldas a la muerte. Y de qué ve una persona que ha pasado años cerca de la fragilidad humana cuando mira cómo vivimos los demás.
No es una conversación fácil. Pero es de esas que te deja pensando varios días.